viernes, 29 de marzo de 2013

EL COMIENZO

Él caminaba por la vida de puntillas, haciendo daño como los cardos verdes que a priori solo hieren; que, a primera vista, solo se observa su puntiaguda forma de ser y que al acariciar te hace sentir cosquillas.

Ella se ocultaba, pese a su color rojo visible, entre la espesura de la gente, como la flor del jardín entre la hierba.

Están cerca, pero no se ven ni se conocen, sin embargo, respiran el mismo aire.

Aquél domingo postvelada soplaba el relente, se comenzaron a hacer más visibles. Empezó a cambiar su suerte.


Manuel Fdez-Galiano