ÉRASE UNA VEZ

Érase que Dios me dio una nariz grande
-yo no sabía por qué-.
¿Sería para respirar mejor?
No lo sé, 
porque también me concedió el asma.
¿Para oler mejor quizás?
No creo, eso solo pasa en Caperucita.

Por fin,
a los 19 me di cuenta.
Todo encajaba.
Dio me otorgó la necesidad
de llevar gafas.
Ahora todo lo veo claro,
pero de cerca.
Aunque de lejos no importa
que vea todo borroso.
Poseo un gran olfato intuitivo.


Manuel Fdez-Galiano

Manu Fernández-Galiano