Ni Floris, ni Jarifa,
ni Belisa, ni Gloris,
ni mucho menos Lesbia
me podrán apartar de mi ciudad.
Cuando recorro sus calles
con la luna a mi espalda
y al frente una farola,
en el cielo está la duda.
¿Izquierda o derecha?
Subir y bajar
es lo que me cuesta.
Gracias a tus laberintos
huí de la policía,
gracias a tus bocacalles
me comí más de una multa.
Cuántas veces
he besado sus bocas
de metro, perla amarga.
Y sin embargo,
me bastaría con un beso
de tus labios.
Madrid,
que vienes pisando fuerte,
con tacones,
que ellas se aparten,
que voy a preferirte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario